LAS PERSIANAS
Nuestras persianas son unos de los músculos más importantes de
nuestro cuerpo, aunque solo midan dos centímetros. Al final de la persiana
superior y al principio de la persiana interior, hay una especie de escoba
que barre el paso al polvo y a las pequeñas impurezas que se puedan meter en su
interior. Nuestras persianas se abren y se cierran en milésimas de segundo. El
movimiento es tan rápido que ni si quiera se ve. Lo hace miles de millones de
veces al día y si queremos evitar que se cierren sufrimos un picor y unas ganas
terribles de cerrarlas antes de ponernos a llorar.
Las persianas son como tiendas. De día están abiertas y en sus
escaparates muestran uno de los tesoros más bonitos y preciados que tenemos. Los
hay de diferentes colores: verdes, azules, marrones, pardos, grises, negros... Además podemos expresar mil y una sensaciones según cuál sea el movimiento de ellas: pena, tristeza o alegría. Abriendo y cerrando rápidamente coqueteamos
y enamoramos, y si lo hacemos lentamente el misterio está servido.
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